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Los jueces deben ser más eruditos que ingeniosos, más reverentes que plausibles y más aconsejados que confiados. Por encima de todas las cosas, la integridad es su parte y la virtud adecuada.
Los jueces deben ser más eruditos que ingeniosos, más reverentes que plausibles y más aconsejados que confiados. Por encima de todas las cosas, la integridad es su parte y la virtud adecuada.