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Su trono es el púlpito. Está en lugar de Cristo. Su mensaje es la Palabra de Dios. A su alrededor hay almas inmortales. El Salvador, invisible, está a su lado. El Espíritu Santo medita sobre la congregación. Los ángeles contemplan la escena, y el cielo y el infierno esperan el resultado. ¡Qué asociaciones y qué gran responsabilidad!