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Si se considera a la naturaleza como maestra y a nosotros, pobres seres humanos, como sus alumnos, la raza humana presenta un cuadro muy curioso. Todos nos sentamos juntos ante una conferencia y poseemos los principios necesarios para comprenderla, pero siempre prestamos más atención a la charla de nuestros compañeros que al discurso del conferenciante. O, si nuestro vecino copia algo, se lo quitamos a hurtadillas, robándole lo que él mismo puede haber oído imperfectamente, y lo añadimos a nuestros propios errores de ortografía y opinión.