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Es pretencioso decirlo, pero mi arte es como una pequeña historia zen, una historia con un signo de interrogación al final. La gente puede sacar de él lo que necesite. Si alguien dice: "Tu arte es muy divertido", yo digo: "Tienes toda la razón". Si alguien dice: "Tu arte es muy triste", yo digo: "Tienes toda la razón". En Japón dicen: "Tu arte es muy japonés, incluso pareces japonés. Tu bisabuelo era seguramente un japonés". Y yo digo: "Tienes toda la razón".