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  • Hay un cierto silencio que puede emanar de un objeto sin vida, como de una silla usada hace poco, o de un piano con polvo viejo sobre sus teclas, o de cualquier cosa que haya respondido a la necesidad de un hombre, por placer o por trabajo. Este tipo de silencio puede hablar. Su voz puede ser melancólica, pero no siempre es así; porque la silla puede haber sido dejada por un niño risueño o las últimas notas del piano pueden haber sido estridentes y alegres. Sea cual sea el estado de ánimo o la circunstancia, la esencia de su cualidad puede perdurar en el silencio que sigue. Es un eco sin sonido.

    Beryl Markham (2012). “West with the Night”, p.58, Open Road Media