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Cuando tenía 14 años, vi cómo le acuchillaban la cara y las muñecas a alguien en un pub de Catford. Nadie movió un dedo. Fue entonces cuando me di cuenta de que la violencia no era divertida. En absoluto.
Cuando tenía 14 años, vi cómo le acuchillaban la cara y las muñecas a alguien en un pub de Catford. Nadie movió un dedo. Fue entonces cuando me di cuenta de que la violencia no era divertida. En absoluto.