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Los grandes, los ricos, los poderosos, conceden con demasiada frecuencia sus favores a sus inferiores de la misma manera que conceden sus sobras a sus perros, para no complacer ni al hombre ni a los perros. No es de extrañar que los favores, los beneficios e incluso las obras de caridad así concedidas descortésmente, sean tan fría y débilmente reconocidas.