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Si te gusta la música, escúchala; ve a óperas, a conciertos, y paga a violinistas para que toquen para ti; pero insisto en que no toques ni la gaita ni el violín tú mismo. Esto pone a un caballero en una luz muy frívola y despreciable; lo lleva a una gran cantidad de malas compañías; y le quita una gran cantidad de tiempo, que podría ser mucho mejor empleado.