-
El entorno nos machaca, nos obliga a adaptarnos y -conscientemente o no- mata nuestra posesión más preciada: ese algo que nos permite hablar con nosotros mismos y con Dios.
El entorno nos machaca, nos obliga a adaptarnos y -conscientemente o no- mata nuestra posesión más preciada: ese algo que nos permite hablar con nosotros mismos y con Dios.