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  • Una cuidadosa mezcla de sarcasmo, ironía y burla, la riña tiene su propia cadencia y ritmo distintivos y es tan difícil de dominar como el francés, el español o cualquier segunda lengua optativa. Al igual que el chino, las sutilezas de la riña se perciben en el sutil ascenso y descenso de la voz. Si no se practica correctamente, la riña puede confundirse con su contrapartida menos sofisticada: el lloriqueo.