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  • Esto es lo que da una majestuosidad tan pura y conmovedora a la figura histórica de Cristo; abandono de sí mismo a Dios, entrega total, sin reservas ni estipulaciones, a la guía del Espíritu Santo desde el Alma de las almas; pausa en ninguna oscuridad; vacilación en ninguna perplejidad, retroceso en ningún extremo de angustia, sino un suave e inquebrantable asimiento de la Mano invisible, del Único Santo y Todo Bueno -estos son los rasgos que han hecho de Jesús de Nazaret la imagen más querida y sagrada para el corazón de tantas épocas.

    James Martineau (1905). “A Martineau year book: Extracts from sermons”