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La gracia no comprada de la vida, la defensa barata de las naciones, la nodriza del sentimiento varonil y de la empresa heroica ¡se ha ido! se ha ido, esa sensibilidad de principios, esa castidad del honor, que sentía una mancha como una herida, que ennoblecía todo lo que tocaba, y bajo la cual el vicio mismo perdía la mitad de su maldad, al perder toda su grosería.