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De la separación entre planificación y ejecución en el análisis del trabajo no se deduce que el planificador y el ejecutor deban ser dos personas diferentes. No se deduce que el mundo industrial deba dividirse en dos clases de personas: unos pocos que deciden lo que hay que hacer, diseñan el trabajo, marcan el paso, el ritmo y los movimientos, y dan órdenes a los demás; y los muchos que hacen lo que se les dice y como se les dice.