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Puedes llamarla como quieras, categorizarla, viviseccionarla, calificarla, cuantificarla o descartarla, y nada de eso hará que la gracia sea otra cosa que precisamente lo que es: audaz, injustificada e ilimitada.
Puedes llamarla como quieras, categorizarla, viviseccionarla, calificarla, cuantificarla o descartarla, y nada de eso hará que la gracia sea otra cosa que precisamente lo que es: audaz, injustificada e ilimitada.