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  • Caminar eleva el espíritu. Exhala los venenos de la tensión, el estrés y las preocupaciones; inspira el poder de Dios. Envía pequeñas oraciones silenciosas de buena voluntad a quienes encuentres. Camina con la sensación de formar parte de un vasto universo. Piensa en los miles de kilómetros de tierra que hay bajo tus pies; piensa en la extensión ilimitada del espacio sobre tu cabeza. Camina con asombro, admiración y humildad. Camina a cualquier hora del día. Por la mañana temprano, cuando el mundo se está despertando. Por la noche, bajo las estrellas. Por una calle concurrida a mediodía.