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  • Si queremos evitar esa catástrofe [una III Guerra Mundial nuclear], es obligatorio un sistema de orden mundial, preferiblemente un sistema de gobierno mundial. Las naciones orgullosas verán algún día la luz y, por el bien común y su propia supervivencia, cederán su preciada soberanía, como hicieron las trece colonias de Estados Unidos hace dos siglos. Cuando por fin entremos en razón y establezcamos un ejecutivo mundial y un parlamento de naciones, gracias al precedente de Nuremberg ya dispondremos de los fundamentos del tercer poder del Estado, el judicial.