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  • En otras palabras, el lenguaje no es necesario, sino voluntario. Si fuera necesario, habría seguido siendo sencillo; no agitaría nuestros corazones con una belleza siempre presente y una ambigüedad siempre creciente; no soñaría, en sus largos huesos blancos, con convertirse en canción.

    Mary Oliver (1998). “West Wind: Poems and Prose Poems”, p.17, Houghton Mifflin Harcourt