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El científico es un hombre práctico y sus objetivos son prácticos (es decir, alcanzables en la práctica). No busca lo último, sino lo más próximo. No habla del último análisis, sino de la próxima aproximación. Las suyas no son esas bellas estructuras tan delicadamente diseñadas que un solo defecto puede provocar el colapso del conjunto. El científico construye lentamente y con una mampostería burda pero sólida. Si no está satisfecho con alguna de sus obras, aunque sea cerca de los cimientos, puede reemplazar esa parte sin dañar el resto.