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En verdad debo soportar la perdición de los hombres quiera o no: la pérdida y el silencio. Pero te digo, Rey de los Numenoreanos, que hasta ahora no había entendido la historia de tu pueblo y su caída. Los desprecié como tontos malvados, pero al fin los compadezco. Porque si esto es en verdad, como dicen los elfos, el regalo del Uno a los hombres, es amargo recibirlo.