-
A mi edad, me doy cuenta de que mi posesión más preciada es el tiempo, y tengo demasiado trabajo pendiente como para perder ni un minuto hablando de mí mismo.
A mi edad, me doy cuenta de que mi posesión más preciada es el tiempo, y tengo demasiado trabajo pendiente como para perder ni un minuto hablando de mí mismo.