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Los hombres, a diferencia de los ruiseñores, tienen la capacidad de autoengañarse sistemáticamente. Nos hacemos eco con igual precisión, igual elocuencia, igual seguridad.
Los hombres, a diferencia de los ruiseñores, tienen la capacidad de autoengañarse sistemáticamente. Nos hacemos eco con igual precisión, igual elocuencia, igual seguridad.