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Te propones viajar a Roma... y acabas en Estambul. Te pones en camino hacia Japón... y acabas en un tren que atraviesa Siberia. El viaje, no el destino, se convierte en una fuente de asombro.
Te propones viajar a Roma... y acabas en Estambul. Te pones en camino hacia Japón... y acabas en un tren que atraviesa Siberia. El viaje, no el destino, se convierte en una fuente de asombro.