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En las enfermedades agudas, el médico debe realizar sus investigaciones de la siguiente manera. En primer lugar, debe examinar la cara del paciente y ver si se parece a la de las personas sanas y, especialmente, si se parece a la de siempre. Tal semejanza será la mejor señal, y la mayor desemejanza será la señal más peligrosa. Esta última será la siguiente. Nariz afilada, ojos hundidos, sienes hundidas, orejas frías y contraídas con sus lóbulos vueltos hacia fuera, la piel alrededor de la cara dura y tensa y reseca, el color de la cara en su conjunto es amarillo o negro.