-
Cuando reces, recuerda que no estás rezando a un Dios lejano, sino al Dios que habita en tu interior. No te limites a pronunciar las palabras; siente lo que significan en tu vida. No reces con los labios, sino con el corazón. Tus oraciones no son para Dios, son para ti, para recordarte la presencia del Espíritu Santo dentro de ti. Cuando digas "Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad", recuerda que eres amado y protegido. Dios ha planeado para nosotros cosas más grandes de las que podemos imaginar. Cuanto más conscientes seamos del amor inmutable de Dios, más seguros y a gusto nos sentiremos en el mundo.