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  • Al principio el pecado era tan frágil como el hilo de una araña, y finalmente tan robusto como la driza de un barco; el pecado llegaba como transeúnte, luego se quedaba un momento, después venía como visitante, y finalmente se convertía en dueño de la casa.

    Israel Shenker (1985). “Coat of Many Colors: Pages from Jewish Life”, Doubleday Books