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En un mundo que va camino de convertirse en una inmensa cantera, el coleccionista se convierte en un piadoso salvador. El curso de la historia moderna ya ha socavado las tradiciones y destrozado los conjuntos vivos en los que antaño tenían su lugar los objetos preciosos, por lo que el coleccionista puede ahora, con la conciencia tranquila, dedicarse a excavar los fragmentos más emblemáticos y selectos.