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No hay alimento más saciante que la leche y la miel; y así como tales alimentos producen repugnancia al paladar, así las palabras perfumadas y galantes hacen eructar nuestros oídos.
No hay alimento más saciante que la leche y la miel; y así como tales alimentos producen repugnancia al paladar, así las palabras perfumadas y galantes hacen eructar nuestros oídos.