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Lo que temo no es que me olviden después de mi muerte, sino, más bien, que no me olviden lo suficiente. Como decíamos, no son nuestros libros los que sobreviven, sino nuestras pobres vidas las que perduran en las historias.
Lo que temo no es que me olviden después de mi muerte, sino, más bien, que no me olviden lo suficiente. Como decíamos, no son nuestros libros los que sobreviven, sino nuestras pobres vidas las que perduran en las historias.