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En las ocasiones en que he reflexionado sobre las diversas actividades de los hombres, los peligros y preocupaciones a que están expuestos en la Corte o en la guerra, de las que nacen tantas rencillas, pasiones, acciones arriesgadas, a menudo mal concebidas, etc., he dicho a menudo que la infelicidad del hombre brota de una sola cosa, su incapacidad para permanecer tranquilamente en una habitación.