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  • En ciertas mañanas, al doblar una esquina
    un rocío exquisito cae sobre nuestro corazón
    y luego desaparece.
    Pero el frescor perdura, y esto, siempre,
    es lo que el corazón necesita.
    La tierra debió levantarse con una luz así
    la mañana en que nació el mundo.