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La tentación acosadora del hombre moderno es sacrificar sus percepciones directas y sus sentimientos espontáneos a sus reflexiones razonadas; preferir en todas las circunstancias el veredicto de su intelecto al de sus intuiciones inmediatas.
La tentación acosadora del hombre moderno es sacrificar sus percepciones directas y sus sentimientos espontáneos a sus reflexiones razonadas; preferir en todas las circunstancias el veredicto de su intelecto al de sus intuiciones inmediatas.