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Creo que ya es hora de que aprendamos la lección de nuestro siglo: que el progreso del espíritu humano debe seguir el ritmo del progreso tecnológico y científico, o ese espíritu morirá. Corresponde a nuestros educadores recordar esto; y la música está en lo más alto de la lista de los deberes espirituales. Cuando el estudio de las artes desemboque en la adoración de la fórmula (Dios no lo quiera), estaremos perdidos. Pero mientras insistamos en mantener la vitalidad artística, podremos esperar en el hombre