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  • La sumisión no significa ser débil o pasivo. No conduce ni al fatalismo ni a la capitulación. Todo lo contrario. El verdadero poder reside en la sumisión. Un poder que procede del interior. Los que se someten a la esencia divina de la vida vivirán en una tranquilidad y una paz imperturbables incluso cuando el mundo entero atraviese turbulencia tras turbulencia.