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Yo... me pregunto qué hay en el aire de New York que me permite estar sentado hasta altas horas de la noche en una atmósfera que en Londres marearía a un caballo, pero que aquí simplemente despeja el cerebro.
Yo... me pregunto qué hay en el aire de New York que me permite estar sentado hasta altas horas de la noche en una atmósfera que en Londres marearía a un caballo, pero que aquí simplemente despeja el cerebro.