-
[La conciencia de clase no es una de nuestras enfermedades nacionales; sufrimos, de hecho, de su opuesto: la ilusión de que las barreras de clase no son reales. Ese engaño se revela en muchas formas, algunas de ellas tan bellas como un ojo de cristal. Una es la doctrina liberal de que un demagogo de la pradera ascendido al Senado de los Estados Unidos mostrará al instante toda la sagacidad de un Metternich... otra es la doctrina de que un imbécil que pasa por una universidad y es condecorado con un doctorado dejará por ello de ser un imbécil.