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  • Imagina cómo serían nuestras vidas si todo el mundo tuviera aunque sólo fuera un poco más de la Sabiduría que surge de ver con claridad. Supongamos que la gente en todas partes, simultáneamente, dejara de hacer lo que está haciendo y prestara atención sólo el tiempo necesario para reconocer su humanidad compartida. Seguramente la angustia del dolor del mundo, visible para todos, convertiría a todos en bondadosos. Qué regalo sería ese.