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  • Los obreros de Cristo nunca deben pensar, y mucho menos hablar, de fracaso en su trabajo. El Señor Jesús es nuestra eficiencia en todas las cosas; su Espíritu ha de ser nuestra inspiración; y al ponernos en sus manos, para ser canales de luz, nuestros medios de hacer el bien nunca se agotarán. Podemos recurrir a Su plenitud, y recibir de esa gracia que no tiene límite.