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Para mí sólo había dos caminos en el precipicio: o me caía dentro o me caía fuera, para aceptar o decir adiós. En el momento en que crucé el precipicio, dejó de ser una disciplina y se convirtió en una pasión, un impulso. Entonces experimenté la libertad. La libertad llega cuando la disciplina revoluciona la disciplina como pasión por el arte.