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  • Cuando la cuerda de saltar golpeó el pavimento, también lo hizo la pelota. Cuando la cuerda se curvó sobre la cabeza del niño que saltaba, el niño que tenía la pelota la atrapó. Abajo las cuerdas. Bajaban las pelotas. Una y otra vez. Arriba. Abajo. Todo al ritmo. Todas idénticas. Como las casas. Como los caminos. Como las flores

    Madeleine L'Engle (2013). “A Wrinkle in Time Trilogy”, p.60, Macmillan