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Mira allí otro jardín del Rey, que el Rey riega con su sudor sangriento: el Getsemaní, cuyas hierbas amargas son mucho más dulces para las almas renovadas que incluso los exuberantes frutos del Edén. Allí fue deshecha la maldad de la serpiente en el primer jardín: allí fue levantada la maldición de la tierra, y llevada por la simiente prometida de la mujer.