-
Pero eso no le impidió amarla un poco. De amar a todas las mujeres: todas las formas, todos los tamaños, todas las profesiones. Su piel suave y sus curvas más suaves, la forma en que jadeaban, reían y suspiraban, la manera en que las ricas jugaban a sus juegos tímidos y las menos afortunadas le miraban, con estrellas en los ojos, ansiosas de su atención. Las mujeres eran, sin duda, la mejor creación del Señor. Y, a sus veintitrés años, tenía planes para toda una vida de adorarlas.