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  • Había querido encontrar en la filosofía y en la religión un remedio para mi desgracia; buscaba un asilo que me pusiera a salvo del amor... el deber, la razón y la decencia, que en otras ocasiones tienen algún poder sobre mí, son aquí inútiles. El Evangelio es un lenguaje que no comprendo cuando se opone a mi pasión... pero cuando el amor ha sido sincero una vez, ¡qué difícil es decidirse a no amar más! Es mil veces más fácil renunciar al mundo que al amor. Odio este mundo engañoso e infiel; no pienso más en él.