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Está convencida de que cuando la lengua muere, por descuido, desuso, indiferencia y falta de estima, o muere por decreto, no sólo ella misma, sino todos los usuarios y creadores son responsables de su desaparición. En su país, los niños se han mordido la lengua y utilizan balas en su lugar para iterar la voz de la mudez, del lenguaje discapacitado e incapacitante, del lenguaje que los adultos han abandonado por completo como dispositivo para lidiar con el significado, proporcionar orientación o expresar amor.