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Me siento animado cuando veo a algunos de los que han escuchado su "tambor diferente": Einstein era un inútil en matemáticas en la escuela y comentaba con ironía su ineptitud en las relaciones humanas. Winston Churchill fue un fracaso abismal en sus primeros años escolares. Byron, ese estudiante revolucionario, tuvo que compensar un pie zambo; Demóstenes, un tartamudeo; y Homero era ciego. Socrates no supo manejar a su mujer, y enfureció a sus compatriotas. ¿Y qué decir de Jesús, si necesitamos un ejemplo supremo de fracaso con los semejantes? ¿O un ejemplo supremo de amor?