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  • Tenía el viejo teclado doble, un juego de teclas completamente distinto para las mayúsculas y las cifras, de modo que el papel parecía estar muy lejos, y la máquina era tan grande y sólida como un crucero de batalla. Mecanografiar era entonces una actividad muscular. Podía doler. Si no se estaba familiarizado con aquellos vastos teclados, la mano vagaba sobre ellos como un niño perdido en un bosque. El ruido podría haber sido el de un astillero en el Clyde. No se te habría ocurrido cargar con una de aquellas sombrías estructuras como no se te habría ocurrido viajar con un piano.