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Las bibliotecas de América son y deben seguir siendo el hogar de las mentes libres e inquisitivas. A ellas, nuestros ciudadanos -de todas las edades y razas, de todos los credos y convicciones- deben poder acudir con la clara confianza de que allí pueden buscar libremente toda la verdad, sin barnices de moda ni compromisos de conveniencia.