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Una de mis posesiones más preciadas es el recuerdo de un hogar en el que el amor era supremo, en el que no recuerdo haber cruzado ni una sola palabra entre padre y madre. Todos debemos esa bendición a nuestros hijos.
Una de mis posesiones más preciadas es el recuerdo de un hogar en el que el amor era supremo, en el que no recuerdo haber cruzado ni una sola palabra entre padre y madre. Todos debemos esa bendición a nuestros hijos.