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A veces era más fácil nadar con la corriente que luchar contra ella. Siempre había una piscina poco profunda más adelante. Los recuerdos son como las batallas, y las batallas pueden ir en una dirección o en otra. Puedes mantenerte en pie y luchar, sin que te duelan las heridas; o puedes dar media vuelta y huir, sabiendo entonces que el enemigo te seguirá y te dará caza sin piedad. De niños teníamos tantos sueños. ¿Adónde van a parar cuando crecemos? ¿Se los tragan las cosas mundanas de la vida cotidiana? ¿O los perdemos, los dejamos atrás en el polvo, para que nuevos niños los encuentren y los retomen?