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  • Veo al ángel Moroni, de pie sobre el templo, como un símbolo resplandeciente de [nuestra] fe. Amo a Moroni porque, en una sociedad degenerada, permaneció puro y fiel. Es mi héroe. Se mantuvo solo. Siento que, de alguna manera, hoy está en lo alto del templo, invitándonos a tener valor, a recordar quiénes somos y a ser dignos de entrar en el templo sagrado, a "levantarnos y brillar", a estar por encima del clamor mundano y a, como profetizó Isaías, "venir al monte del Señor", el templo sagrado.