-
Estoy convencido de que el corazón humano tiene hambre de constancia. Al renunciar a la santidad del sexo mediante el "besuqueo" casual y no discriminatorio y el "acostarse con cualquiera", perdemos algo de lo que no podemos prescindir. Cuando la virginidad y la pureza dejan de ser protegidas y valoradas, la vida se vuelve monótona y aburrida.